
Recién retornados (egresados que dicen ahora los sabihondos) al espacio cibérnetico maese Vanbrugh y el profesor Lansky, los dos nos han deleitado una vez más a todos sus lectores con una de esas sabrosas pólemicas -tan suyas, por otra parte- acerca de la divinidad. Y este probo aprendiz de gramático, sicario en ciernes todavía en lucha con sus escrúpulos -y, por encima de ambas cosas, seguidor entusiasta de esas dos fieras del razonamiento que campan a sus anchas por las junglas que uno y otro han tenido a bien dedicarse a crear enmedio del deplorable tejido literario que hoy atasca Internet- aprovechándose de los útimos ecos de la discusión de marras va a acometer esta, su momentánea reentré en la red de redes, intentando añadirle al asunto provocador un granito de arena -o, mejor ¡de pimienta!- que contribuya a embarullar, siquiera un poquitín más, las conclusiones que cada uno haya sido capaz de extraer, porque le haya convenido o porque haya sido convencido, del arrebatado y cortés duelo de pensantes. Y lo va a hacer a través de un silogismo posmoderno. Que como mucho de lo que por aquí, y ahora, se cataloga de tal, de posmoderno, tiene bastante poco de lo que proclama ser y aún no demasiado de lo que en realidad enuncia. Vamos con ello:
PREMISA MAYOR: Todos los seres vivos terminan, tarde o temprano, por dejar de estarlo.
PREMISA MENOR: A los humanos esa trivialidad les incomoda horrores.
CONCLUSION: El ser humano necesita valerse de la ayuda de Dios para poder cumplir con un cierto decoro, ese trámite que tan sumamente desagradable le resulta.
Pero es que si los seres humanos llegásemos algún día a ser inmortales y, en cuanto tal, no necesitásemos a Dios, nos habríamos convertido en Dioses nosotros mismos y, entonces, no nos cabrían ya dudas en poder afirmar: Dios existe. O tal vez no y nuestras dudas continuasen. Porque persiguiendo esa sugestiva estela en medio de este caótico galimatias cabría al igual que afirmáramos que el primero en preocuparse de saber si existe algo por encima suyo, alguien, lo que sea, que pueda justificarlo como una entidad viva, con sustantividad propia, sería nada más y nada menos que el propio Dios.
16 comentarios
qué es tejido literario? te pregunto. premisa mayor, menor y conclusión..please.
bueno, ya le echaba yo a usted de menos, y eso, que estoy de acuerdo y me gusta su filosofada, sin que sirva de precedente. bienvenido y un beso.
"Tejido literario" es, ejem..., la frase más desafortunada de todo el texto.
Texto que para ser disfrutado... ejem... plenamente, requiere de manera inexcusable haberse leído antes los últimos posts de "Lansky al Habla", cuyo enlace obra -ahí, justo al lado- dentro de los blogs recomendados.
Me alegro mucho Sarah de que estés, ahí, alerta, pendiente de lo que se cuece en la cima de los acantilados. Otro beso.
¡Bien por la vuelta! Y gracias por citar, como si fueran algo serio, las complicaciones mentales en que nos enredamos Lansky y yo a falta de mejor cosa que hacer.
Dos cosas me sorprenden en esta aportación tuya a nuestra tan estéril como entretenida discusión: la primera, tu planteamiento de que a Dios le necesitamos, fundamentalmente, para morirnos. ("...si los seres humanos llegásemos algún día a ser inmortales y, en cuanto tal, no necesitásemos a Dios...") Ni creo que sea así en general ni, desde luego, es así en mi caso. Llevo creyendo en Dios cincuenta años durante los cuales no me he muerto ni una sola vez. Esa asociación automática que haces entre Dios y la muerte no solo no es consustancial a creer en Dios, como pareces creer, sino que caracteriza una de las formas de creer en Dios que, personalmente, más nocivas me parecen. El Dios en el que yo creo tendrá, me imagino, su papel en mi muerte, ya lo averiguaré cuando me toque. Pero para lo que, de momento y fundamentalmente lo necesito es para vivir, no para morirme.
Y la segunda, esa conclusión de que, si fuéramos inmortales, seríamos Dios nosotros mismos. Si tu idea de Dios es, sencillamente, la de alguien que no se muere nunca, me parece que hablas de otra cosa que yo. Eso de identificar divinidad=inmortalidad se adapta más a la idea que de los dioses tenían los griegos clásicos, por ejemplo, que a ninguna idea de Dios que pueda interesarme a mí.
Gracias por tus palabras, Vanbrugh.
Y como casi siempre te gusta corregir, matizar, polemizar... voy a decidirme también yo en esta ocasión a intentar enmendarte la plana.
¿Pero qué es eso de la "idea de Dios que puede interesarme a mi"?
¿Utilitarismo? ¿politeismo? ¿diletantismo?. ¡Joder! que tal como inmemorialmente viene siendo concebido Dios en nuestra cultura judeo cristiana, El es uno, único, todopoderoso, inmortal y se halla completamente al margen de las ideas que la gente pueda tener de él.
Y, es notorio, en nuestra cultura la gente necesita ante todo de Dios cuando las cosas vienen mal dadas: enfermedades, desdichas, la muerte. Valga el ejemplo: hasta los ateos más recalcitrantes se avendrían a rezarle un padrenuestro al aludido dentro de un avión con un motor en llamas que tiene que afrontar un aterrizaje de emergencia en un maizal.
Abrazotes.
Ni utilitarismo -bueno, o sí, ¿por qué no?- ni diletantismo ni, desde luego, politeismo. "La idea de Dios que puede interesarme a mí" es, exactamente, eso: cualquiera que me resulte interesante de las infinitas posibles ideas que hay sobre Dios.
No solo Dios, sino cualquier otra cosa, se halla, como bien dices, "completamente al margen de las ideas que la gente pueda tener de ello". Muy cierto. No hay nunca que confundir la cosa en sí con la idea que yo me hago de la cosa. Lo cual no obsta para que la gente se empeñe, nos empeñemos, en seguir haciéndonos ideas sobre las cosas. Hacernos ideas sobre el mundo en general, sobre todo lo existente y hasta, como en este caso, sobre lo quizás no existente, es la única forma que tenemos de manejarlo.
Cuando digo "estoy enamorado de Torcuata", lo que en realidad pasa es que estoy enamorado de la idea que me he hecho de Torcuata, idea que, a mis efectos, equivale a Torcuata misma. Ya puede Torcuata en sí misma ser un dechado de perfecciones, que si mi idea de Torcuata no me mola, Torcuata no tendrá nada que hacer conmigo. Así funcionamos, D. Julián, qué quiere usted que le diga. Torcuata, Dios, la tienda de ultramarinos de la esquina y la Crítica de la Razón Pura son para nosotros, en realidad, lo que vemos, tocamos, olemos y pensamos de Torcuata, Dios, la tienda y el tomazo. Ideas, al fin. El mundo penetra en nuestras cabezas, se nos hace accesible y cognoscible, bajo la forma de "idea", y de ningún otro modo. A efectos prácticos Dios es nuestra idea de Dios, o, para ser exacto, nuestras ideas de Dios, más o menos a una por barba.
La idea de Dios que da usted en su post es tan respetable como cualquiera de los tres o cuatro mil millones de ideas de Dios actualmente existentes. Pero a mí no me interesa. Eso quiero decir, ni más ni menos. Si yo pensara que Dios no es, como usted parece pensar, más que un señor que ha dado con el sistema de no morirse nunca, no creería en Dios. Pienso que Dios es más cosas, para mí más interesantes. Por eso creo en Él. No sé si eso es utilitarismo, pero si lo es, bendito sea el utilitarismo.
Y sí, es posible que haya muchos creyentes, y hasta algunos no creyentes, para los que Dios solo sea un accesorio que haga un poco menos incómodo el molesto trámite de morirse. Como le digo, hay varios miles de millones de ideas de Dios, y esa, el Dios-para-morirse, es sin duda una de ellas. Pero no la única, ni la más interesante, ni siquiera la más extendida y, desde luego, no la mía. Lo único que le digo a usted es que no puede, sin más, despachar todas las innumerables formas que hay de creer en Dios, con la frívola frase "...si los seres humanos llegásemos algún día a ser inmortales y, en cuanto tal, no necesitásemos a Dios..." Porque hay quien quien tiene en cuenta a Dios para más cosas que para espantar el miedo a la muerte, y seguiría haciéndolo aunque fuera o se creyera inmortal. Yo, por ejemplo. Y unos cuantos millones más de creyentes serios, me parece.
Todo lo que me dices resulta tan coherente que la incoherencia consistiría precisamente en ponerse a discutirlo. Ahora bien no se si por el tema, tu forma de escribir o tu propia idiosincrasia el sonido con el que tus palabras llegan a mis oidos -la "percepción" a la que tan acertadamente te refieres en tu texto- exhala un aroma un pelín dogmático. O, a lo mejor, son mis narices. Que también eso podría ocurrir. Pero vaya -de cajón- la gente busca a Dios para intentar ser más feliz. De cajón, porque viene a ser lo que hace constantemente y con todo.
Y la muerte es por su propia esencia la no felicidad. Es también desde el punto de vista cristiano un hecho cuya subsanación se considera algo favorable. Vease el pasaje evángelico de Lázaro y sus hermanas.
¡¡¡¡¡Laaaaanskyyyyyy!!!!!! (leerse estilo eco). Julian.
Antes que nada: egresados no lo dicen sólo los sabihondos, sino los sudamericanos, sabihondos o no, y ya sabemos que ni Castilla la Vieja, Ni España tienen por fortuna el copyrigh del castellano.
Dos posturas -resumiendo de forma harto elemental-: en la esquina de la izquierda, con calzón rojo, el gran julián matamorosmuertos; a la derecha, con calzón azul, vanbrugh ganchoveloz. Cling, suena la campana. Zas, plac, cataclac, Clinc otra vez: ¡Combate nulo! (¿de dónde coño ha salido este juez?= Está comprado, sí, pero ¿por quién?):
Púgil del calzón rojo lanza su mejor golpe: Dios es necesario (o se hace necesario, o se hace "el" necesario, o lo hacen necesario) para la muerte, que es un trance tan jodido para seres perecederos que se creen durante un tiempo inmortales, aunque se equivocan: no merecen serlo. Y que eso acojona mucho, aunque se haya leído a Epicuro
Púgil del calzón azul , con su guadia alta, casi inexpugnable: Dios es necesario (etc.....) para la vida, para vivirla mejor (y con menos acojono, qué leches)
El atrabiliario (consultar diccionario) arbitro declara combate nulo, porque considera que Dios no es necesario para vivir ni morir, pero que es muy hipócrita considerar sólo la primera postura,como hacía el memo de Pascal y sus apuestitas de ganancia asegurada. Yo, en cambio, estoy con el gran teólogo San Orcar (Wilde) cuando decía algo parecido a que los cínicos conocen el precio de todo, pero ignoran el valor de nada, y la mayoría de la gente creyente (con las consabidas excepciones, bla, bla , bla) me parecen hipócritas y/o cínicas y/o acojonadas. He dicho
Dios, algunas ideas de Dios, quizá no las de vanbrugh, se impone por el miedo, muy lógico, que los humanos sentimos hacia la muerte, pero sobre todo por el miedo hacia la vida. Para mí (insisito: para mí) Dios (la idea de Dios, de cualquier Dios) está tan muerta como la alquimia. Así entiendo la famosa frase del gran bellaco Nietsche
Cambiando de yema y de tema: ¿qué tal las gestiones para publicar? ¿Sabes lo que decía Emily Dickinson?, que "la publicación no es asunto que incumba a los poetas" (claro que tenía pocos gastos y era una especie de rentista rural)
Bienvenido
Al, dos cosas más:
1) la próxima vez, independientemente de lo que te sugiera mi blog y lo que escribas en este tu blog, comenta en el mío, joder. O lo consideraré un secuestro y tendré que partirte las piernas
2) Egresado se suele usar para alguien que supera una prueba académica trascendenta: una licenciatura p.ej., y no tienen nada que ver con "regresado"
Proclama el webmaster de mi empresa: prohibido acceder a blogs de categoria "SEXO" y en esto se muestra, el menda, inflexible. Y "Lansky al habla" figura (y realmente no sé quién lo ha decidido así) dentro de los blogs de categoria "SEXO".
Y cuando llego a casa lo leo, pero comentar se me hace difícilillo. Los dos mayores alicientes que tiene el asunto: aportar y que te revuelquen no se dan. A mi me falta espontaneidad (o conocimientos) y a la dinámica comentario-réplica, inmediatez.
No obstante, prometo enmendarme y esmerarme para tomar parte de manera más activa (por las tardes, no me queda a otra) en su tremebundo blog, caballero.
sigues sin aclararme si te van a publicar
Por cierto, "egresar" quiere decir "salir". Lo contrario de "ingresar", vaya. Y es posible que ahora los cultos lo digan más que antes, no sé; lo que sí es cierto es que es un verbo que se usa mucho en Sudamérica, como bien te dice Lansky, pero con un significado muy específico, que es el de "salir titulado de una institución académica". Los "egresados" son los titulados, los que acaban de salir de la Facultad, o de donde sea, con su título flamante bajo el brazo. Y no sé de ningún otro uso habitual. El que no lo es, ni ahora ni nunca, ni entre cultos ni entre menos cultos, es el que tú le das como sinónimo de "regresados". Tras mis vacaciones, placenteras y ¡ay! lejanas vacaciones, yo retorné, ciertamente al espacio cibernético, pero no "egresé". "Egresar", como "ubicarme" y como algunas otras operaciones designadas por palabras que me dan grima -maniático que soy, qué voy a hacerle-es algo que me esforzaré siempre por evitar, con su permiso de usted.
Por Dios, Julián, si no escribes un post nuevo al menos suprime esa horrenda litografía de Krisna niño, o lo que sea. Entro de vez en cuando en tu blog para ver si hay noticias tuyas y tengo que hacer cada vez acopio de valor para enfrentarme a esa espantosa muestra morada del mal gusto hindú. No creo haber visto nada más horrendo en mucho tiempo, hace buenas a las estampas del Sagrado Corazón que hasta ahora creía la sima más profunda alcanzada en cuestión de aberraciones gráficas sacro-litúrgicas.
¡Qué c..., este vanbrugh! Yo me estaba mordiendo la lengua, pero qué razón tiene con la horrenda viñeta que has colgado.
Ubicar es detestable; egresar, con ese sentido y no el que tú, julián, te has inventado, en cambio, me suena bien, al otro lado del "charco". Para una lista de palabras detestables de moda yo propongo también "posicionar" o "posicionarse"
Mi lámina:
¡Coño, que no os enteráis, es el "Falete", de chiquitirrín!.
"Posicionar" roza lo delictivo, efectivamente. Como "visionar", como "explosionar" y como cualquier verbo hecho a partir de un sustantivo (posición, visión, explosión) que, a su vez, esté hecho partiendo de otro verbo (poner, ver, explotar). Es la inflación del lenguaje. La hinchazón, más bien, la tumefacción. Estas, y muchas otras, las detesto por motivos explicables, y por eso los explico. Pero luego están las que odio por causas arbitrarias, misteriosa e indefendibles: "ubicar", "saga", "principiar". Y algunas otras que ahora no se me ocurren. Son palabras antipáticas, un poco cretinas, que debieron de mirarme mal la primera vez que las encontré, y no se lo he perdonado.
(Es bueno reservar la hostilidad irracional para las palabras cretinas; te da un cierto margen para la benevolencia hacia los cretinos de carne y hueso.)
... y de lo de "pilotar" el curriculum. Y del "aplica" / "no aplica" de los "ginieros"...
¿qué me decís?... acojonan ¿eh?.
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